El mandato era sencillo: dar unas cuantas palabras sobre el porqué pedir posada. Mi cabeza recorrió múltiples avenidas, exploré la lógica del hogar en diferentes planos. Inicialmente como un espacio de refugio, donde los levantados muros resguardan al calor y protegen de lo desconocido. Posteriormente busqué entender el hogar como un espacio de identidad y pertenencia. Esto lo crucé con el arquetipo del pedir posada dentro de la narrativa católica, el abrir dicho refugio a lo completamente desconocido, que termina siendo la esperanza. Ya con la espina dorsal bajada me sentí listo para la velada de Nochebuena.
Analista financiero, con un alto interés por el trasfondo de lo ordinario y cotidiano.