¿Qué hacemos con la memoria de travesuras y vagancias de tiempos pasados? Ahora quiero imaginar que no hubo mayores consecuencias
Santa
NEGRO Y CARGADO / José Israel Carranza EN MURAL
5 MIN 00 SEG
Azucarado hasta la náusea y, al mismo tiempo, severo como prefecto neurótico, el Santa Claus interpretado por José Elías Moreno para la película del mismo nombre (René Cardona, 1959) es quizá una de las versiones más repelentes del rubicundo personaje, y sería fascinante si la película no fuera tan horrenda y chirriante. Sirviéndose de un instrumental muy extraño (aparatos de cartón y celofán y unos cuantos foquitos, un periscopio con un globo ocular y pestañas, una antena hecha con un colador y una oreja, ruiditos raros), desde el espacio exterior Santa espía a las niñas y los niños de la Tierra -de dónde más- para descifrar sus sueños, conocer sus deseos y comprobar que merezcan lo que piden. (Sí, desde el espacio, donde está su castillo llamado Juguetilandia, como la juguetería que había en Plaza del Sol). Pero también hace eso porque debe estar alerta, pues un demonio llamado Precio (¿?), gato del mismísimo Lucifer, quiere a la vez matarlo y lograr que los niños hagan el mal y el mundo se pierda. Es una trama muy enredosa, que involucra batallas metafísicas y dramas familiares, amén de un amplio despliegue de clichés sociales: los niños ricos son malvados por naturaleza, los pobres son buenos, etcétera. Además, hay una cantidad de disparates injustificables: por ejemplo, sale el mago Merlín y ayuda a Santa. Pero todo acaba bien.