Pablo Lemus se estrenó en la querencia de sus gobernados alterando la circulación en López Mateos, avenida emblemática del caos citadino
Contraflujo
NEGRO Y CARGADO / José Israel Carranza EN MURAL
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Llegando y haciendo lumbre. Como para que se note que viene con todo, con ese excesivo ímpetu que suele imprimir a su voz, pelando los ojos y con gestos que buscan denotar firmeza aun cuando no se necesita (¿por qué abre tanto la boca para hablar?), el gobernador Lemus se estrenó en la querencia de sus gobernados alterando la circulación en López Mateos, avenida emblemática del caos citadino y de la imprevisión, la improvisación y la negligencia de las autoridades, y donde se condensa también lo peor de lo que somos capaces al volante quienes vivimos en esta ciudad. Como si las cosas fueran a resolverse por arte de magia el primer día de Lemus, amanecimos con dos carriles volteados, un ejército de agentes viales entorpeciéndolo más todo, la mitad de los automovilistas felices y volando sin trabas a sus destinos cotidianos, y la otra mitad frustrados y sumando ingratos minutos a vuelta de rueda o parados -o sea, lo mismo de todos los días, nomás que al revés.