¿Cómo enrollar, doblar o comprimir -para que quepa en apenas 24 horas- el descomunal reconocimiento que, por sus incontables talentos e incansables esfuerzos, merecen las mujeres del mundo? ¿Cómo resumir lo que -a pesar de muchos necios hombres- ellas han aportado para el desarrollo de lo más importante de la civilización, que es la integración afectiva de la familias, la formación emocional y espiritual de cada generación y el consecuente florecimiento de habilidades sensibles, intelectuales, sociales, organizativas y creativas del más elevado nivel; las cuales contrastan con el legado masculino, manchado por un alto porcentaje de guerras y conflictos?